Releyendo "Doña Bárbara" (1929). Rómulo Gallegos.
"La araucana" (1569). Alonso de Ercilla.
Estoy releyendo La Araucana (1569) de Alonso de Ercilla y aparte de que esta segunda lectura me ha hecho apreciar mucho el texto, puesto que hace unos años no podía con él, me he encontrado con algunos fragmentos que me han cautivado. Ercilla nos cuenta la historia del intento de conquista de los araucanos, aquellos recios, fuertes y aguerridos guerreros que no se rendían tan fácilmente antes los españoles. De canto en canto Ercilla va presentando las batallas y desplazamientos entre araucanos y españoles. Generalmente al final de cada canto Ercilla indica lo que el lector va a encontrar en el próximo, así la lectura va hilada, y asimismo explica por qué decide algunas veces hacer una pausa en relación a un tema y pasar a otro. El tema del amor en este poema no está muy presente pues lo principal son las batallas, por eso me pareció muy interesante observar como el autor se aproximaba al amor entre el cacique Lautaro y su amada Guacolda:
Tras eso tantas lágrimas vertía que mueve a compasión contemplalla, y así el tierno Lautaro no podía dejar de tal sazón de acompañalla. Pero ya la turbada pluma mía que en la cosas de amor nueva se halla, confusa, tarda y con temor se mueve, y a pasar adelante no se atreve.
Esa es la estrofa final del canto XIII; Ercilla le dice al lector que tiene que descansar. El tema del amor no es uno de los que domina su pluma. Tiene que respirar, agarrar fuerza y después seguir en el siguiente canto. ¿No es maravilloso? Sin embargo, su pluma está lista para seguir hablando de encuentros sangrientos, de cuerpos descuartizados, de sesos expuestos, de sangre que corre. Pero el amor, el amor es un asunto más fuerte, más profundo, que ni la pluma más aguerrida y valiente puede hacerle frente así como así.
¿Se puede vivir enteramente de ilusiones?
¿Por qué no?
En este rinconcito mío nunca hablo de política ni de los presidentes, ni de Chávez ni de ninguno, ni bien ni mal. Hoy no será diferente. Lo que quiero compartir es un video de una serie de comiquitas que empezó a hacer el grupo venezolano del blog El chigüire bipolar. La serie se llama “Isla presidencial” y es demasiado cómica. Salen varios presidentes paseando juntos y todo es muy ocurrente además de que las comiquitas están muy bien hechas, en mi opinión. Parece que la gente de El chigüire tomó en cuenta las recomendaciones de Carpentier cuando dice que no hay que buscar cosas fantasiosas en otras realidades ya que la realidad latinoamericana está llena de lo real maravilloso. Excelente trabajo. Les dejo el video del primer capítulo y espero que pronto vengan los demás.
El 9 de marzo de 2009 escribí la primera reflexión en este blog.
Me parece mentira que ya haya pasado un año.
Y aquí seguiré contenta, tomando cafecito, compartiendo inquietudes, admirando la simpleza de la vida.
A todos ustedes que han pasado por aquí,
un gran abrazo.
Por el norte del Estado Georgia hay grandes extensiones de tierra y gente que posee algún tipo de ganado. Además hace frío. Por eso al ir contemplando el paisaje mientras íbamos en el carro me acordé de lo magistral que es la naturaleza. Vi algunos rastros de la nieve que cayó, según me explicaron, hace como 4 días. Sin embargo, a pesar de que sólo he visto nieve una vez en mi vida, lo que me llamó más la atención fueron ¡las vacas peludas!
Eran vacas peludas, peludas, peludas y blancas. Lástima que no les tomé fotos. Pero puedo decirles que parecían ovejas gigantes. HERMOSAS. La naturaleza es tan grande y sabia, y nosotros solamente somos un una burusa, no estamos ni siquiera cerca de la inmensidad y la gran sabiduría de la naturaleza.
Hoy estuve paseando por un pueblito en el Estado Georgia llamado Helen, el cual se caracteriza por poseer una arquitectura de estilo colonial. Muy pintoresco y acogedor. Algo así como la Colonia Tovar en Venezuela pero sin la asentación alemana. Allí entre los diferentes productos artesanales vendidos como recuerditos había un segmento con tres mesas llenas de accesorios, piedras y hasta flautas. La persona que atendía el puesto era un hombre mayor muy simpático que se nos puso a hablar y dijo una frase grandiosa:
I don’t tell lies, I’m just a master of the truth expansion”.
Es decir, dijo que nunca decía mentiras sino que practicaba con maestría la expansión de la verdad. A mí creo que nunca se me hubiera ocurrido decir eso. Hay que nace con el don y punto.
Es tan imprescindible darse cuenta que lo más simple es lo que más importa… ¿no? Si no, ¿cuál es el motivo de una sonrisa?
O de una lágrima.
Posiblemente la muerte de alguien (quedémonos nada más alrededor de una muerte natural, o sea, por causas de salud) pueda resultar catastrófica; un esposo, una madre, un hijo. Un dolor inimaginable. Un llanto instantáneo.
No obstante, la simpleza de la muerte se nos olvida. Fríamente pensando, un día tenemos un ser a nuestro lado y al otro día no, así de simple. Y sin embargo podemos sufrir toda la vida por eso. Entonces, parece ser que las cosas simples de la vida, las que tenemos delante de los ojos, son realmente las más relevantes… y las que se nos olvida disfrutar, por eso me maravillo cada día al darme cuenta que tonterías como la mirada pícara de uno de mis estudiantes al saberse capaz de echar un chiste en español, la sonrisa de mi esposo cuando le doy un ponquesito de sorpresa, el calor que me roza la nuca cuando paso por enfrente de la calefacción, son una clara evidencia de lo efímera que puede resultar la dicha y lo imprescindible que es darse cuenta de ello.
Porque un día podemos regocijarnos por una mirada pícara pero al minuto que acaba la clase se esfuma, como el viento, y nos quedamos solos, allí, sin nada, como si la muerte nos hubiera arrebatado todo.
Desbilleterado, da:
Terremoto 8,8 en Chile.
Tsunami pequeño llega a Hawai como consecuencia.
Sequía de meses en Venezuela.
Inundaciones en Perú.
Temperaturas de OoC en Miami.
Y todavía así hay gente que cree que el calentamiento global es un invento.
Hace un tiempo escribí algo acerca de mis faenas deportivas en el gimnasio. Hoy quiero contar algo muy cómico que me pasó hace dos días. Estaba yo dispuesta a trotar en la pista de caminar/trotar que hay en el gimnasio. Entonces primero comencé caminando, por supuesto, para calentar. La cuestión es que camino y troto muy lento. Todo el mundo me gana. Sin embargo, hace dos días cuando estaba caminando en la pista a manera de calentamiento, me di cuenta que una muchacha que estaba trotando iba superlento y me dije “¡OAO! Esa trota más lento que yo”. No podía creerlo, y tengo que confesarles que ME EMOCIONé. Sentí que tenía la posibilidad de ganarle a alguien (claro, que ella ni enterada de que íbamos a competir). Bueno, me dispuse a comenzar a trotar y entonces me tenía que cambiar de carril ya que estaba en el carril de los caminantes y ahora me tenía que pasar al de los trotadores. Muy bien, me cambié de carril, quedando como a dos metros de ella y comencé a trotar. ¿Y a que no adivinan?
No la pude pasar.
Es decir, que troto más lento que la persona que por primera vez yo creía que lo hacía más despacio que yo. Diferencia en la perspectiva. ¿Qué cosas, verdad? Pero eso no se quedó ahí, me concentré y le di más rápido a los pies (a todas estas como les dije la muchacha ni idea de que yo quería pasarla). Nada, no pude. Me sentí como una comiquita, de esas que corren pero no avanzan. Por ejemplo, Velma, de Scooby Doo, pero la versión de la comiquita en la que todos son niños.
Les pongo un videito, primero aparecen Scooby y Shaggy huyendo de un monstruo pero al minuto 1:13 aparecen los demás muñequitos. Yo camino igual que Velma (la de los lentes grandes y la lupa).